Sor Juana Inés de la Cruz habló de los líquidos humores como metáforas de lágrimas, y a ellas está dedicado este espacio, a las lágrimas provocadas por una novela... o por un cuento; por un poema... o por una canción; por una escultura... o por una construcción; por una ópera... o por un drama; por una fotografía... o por un dibujo; por un cómic... o por una pintura; por una película... o por un documental; por un... o por un...

martes, 27 de noviembre de 2007

ASÍ COMIENZA... 1984, George Orwell (lágrimas vigilantes)



Era un día luminoso y frío de abril y los relojes daban las trece. Winston Smith, con la barbilla clavada en el pecho en su esfuerzo por burlar el molestísimo viento, se deslizó por entre las puertas de cristal de las Casas de la Victoria, aunque no con la suficiente rapidez para evitar que una ráfaga polvorienta se colara con él.

El vestíbulo olía a legumbres cocidas y a esteras viejas. Al fondo, un cartel de colores, demasiado grande para hallarse en un interior, estaba pegado a la pared. Representaba sólo un enorme rostro de más de un metro de anchura: la cara de un hombre de unos cuarenta y cinco años con un gran bigote negro y facciones hermosas y endurecidas. Winston se dirigió hacia las escaleras. Era inútil intentar subir en el ascensor. No funcionaba con frecuencia y en esta época la corriente se cortaba durante las horas de día. Esto era parte de las restricciones con que se preparaba la Semana del Odio. Winston tenía que subir a un séptimo piso. Con sus treinta y nueve años y una úlcera de varices por encima del tobillo derecho, subió lentamente, descansando varias veces. En cada descansillo, frente a la puerta del ascensor, el cartelón del enorme rostro miraba desde el muro. Era uno de esos dibujos realizados de tal manera que los ojos le siguen a uno dondequiera que esté. EL GRAN HERMANO TE VIGILA, decían las palabras al pie.



DE QUÉ VA

1984 sitúa la acción en un Estado totalitario. Como explica O'Brien, el astuto y misterioso miembro de la dirección del partido dominante:

El poder es el valor absoluto y único: para conquistarlo no hay nada en el mundo que no deba ser sacrificado y, una vez alcanzado, nada queda de importante en la vida a no ser la voluntad de conservarlo a cualquier precio.

La vigilancia despiadada de este Superestado ha llegado a apoderarse de la vida y conciencia de sus súbditos, interviniendo, incluso y sobre todo, en las esferas más íntimas de los sentimientos humanos. Todo está controlado por la sombría y omnipresente figura del Gran Hermano, el jefe que todo lo ve, todo lo escucha y todo lo dispone.



Artículo: 1984, George Orwell
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lunes, 26 de noviembre de 2007

ASÍ COMIENZA... BODAS DE SANGRE, F. García Lorca (lágrimas premonitorias)

ACTO PRIMERO / CUADRO PRIMERO

Habitación pintada de amarillo

NOVIO: (Entrando.) Madre.
MADRE: ¿Qué?
NOVIO: Me voy.
MADRE: ¿Adónde?
NOVIO: A la viña. (Va a salir.)
MADRE: Espera.
NOVIO: ¿Quiere algo?
MADRE: Hijo, el almuerzo.
NOVIO: Déjelo. Comeré uvas. Deme la navaja.
MADRE: ¿Para qué?
NOVIO: (Riendo) Para cortarlas.
MADRE: (Entre dientes y buscándola.) La navaja, la navaja... Malditas sean todas y el bribón que las inventó.
NOVIO: Vamos a otro asunto.
MADRE: Y las escopetas, y las pistolas, y el cuchillo más pequeño, y hasta las azadas y los bieldos de la era.
NOVIO: Bueno.
MADRE: Todo lo que puede cortar el cuerpo de un hombre. Un hombre hermoso, con su flor en la boca, que sale a las viñas o va a sus olivos propios, porque son de él, heredados...
NOVIO: (Bajando la cabeza.) Calle usted.
MADRE: ... y ese hombre no vuelve. O si vuelve es para ponerle una palma encima o un plato de sal gorda para que no se hinche. No sé cómo te atreves a llevar una navaja en tu cuerpo, ni cómo yo dejo a la serpiente dentro del arcón.

martes, 13 de noviembre de 2007

"UNA GRULLA EN LA TAZA DE TÉ" (lágrimas de infusión)

La novela Sembazuru, título que en España se ha traducido como Una grulla en la taza de té o Mil grullas, es una sencilla y poética novela escrita por Yasunari Kawabata, el primer escritor japonés en recibir el Nobel de Literatura, premio que le fue concedido en 1968. Por esta novela, el autor recibió el Premio de la Academia de las Artes de 1953 y fue su obra más traducida. La Academia sueca destacó 'su maestría narrativa, que con gran sensibilidad expresa la esencia del espíritu nipón'.




La novela: El centro de la historia que narra la novela es la ceremonia del té en Japón. A la muerte de su padre, Kikuji conocerá a las dos amantes que tuvo su padre. Una de ellas, Chikako, es la anfitriona de la ceremonia del té con la que comienza la novela; la segunda, la señora Ota, es la madre de Fumiko, la joven que cautivará a Kikuji.


La enseñanza del Cha-no-yu (ceremonia del té) está bastante extendida en Japón. Antes de casarse, las jóvenes de buena familia tienen como disciplinas más importantes practicar el arreglo de las flores y el arte de servir el té en una ceremonia.

... la joven de las pajaritas blancas recomenzó la ceremonia de la preparación. Todos los reunidos observaban cada uno de sus alados y misteriosos gestos. No; seguramente la señorita Inamura ignoraba completamente la sombría historia contemporánea de la taza de oribe. Y era de ver la exactitud y gracia, sin perjuicio de la unción, con que realizaba cada gesto según los ritos aprendidos. Su estilo era sobrio, sin presunciones de originalidad personalista. La precisión y la sobriedad de sus actitudes, esta línea que marcaba su grácil cuerpo desde lo alto del busto a las puntas redondeadas de sus rodillas, todo expresaba una sugestiva distinción.


El término Cha-no-yu está compuesto de tres caracteres: Cha o 'té'; no o 'de' (haciendo de 'té' un posesivo), y yu o 'agua caliente'. O sea, literalmente: 'agua caliente del té'.

El Cha-no-yu es una institución basada en la contemplación y aprecio de lo bello. Cultiva las mentes a descubrir la belleza en las cosas más sencillas y humildes: limpiar el suelo, hacer hervir el agua, abrir una puerta, etc. Todo tiene su elegancia.

En la ventana, detrás de ella, cruzaban sus inquietas sombras las verdeantes ramitas de un joven árbol del jardín; y la luz difusa que penetraba en la estancia ponía una dulce luminosidad sobre sus hombros, y se deslizaba por encima de las mangas de su kimono, cuyos brillantes tonos enriquecía con su caricia. Incluso la cabellera de la bella oficiante adquiría un brillo especial. En esa transparencia, desde luego demasiado luminosa para una sala en donde se estaba celebrando el ancestral rito del té, la flor de su juventud parecía también brillar en todo su esplendor.


Exquisita, de admirable sencillez, la novela se adentra en el universal enigma femenino -pletórico de amor, entrega y sacrificio, inconsciente de la propia irradiación-, en todo su turbador misterio. Las costumbres nacionales japonesas, entre las que destaca la veneración por los difuntos, el adorno de las flores y la minuciosa y recatada ceremonia del té, se funden con los obsesivos temas del autor, como son el amor,la soledad, la muerte y el sosegado e imparable fluir del tiempo, expresado a través de una intensa identificación con las estaciones (reseña literaria de J. Rey de Sola).


Otros enlaces: la ceremonia del té en Japón.

Fotografía de Kawabata: Galería de Fotos a Pila.