Sor Juana Inés de la Cruz habló de los líquidos humores como metáforas de lágrimas, y a ellas está dedicado este espacio, a las lágrimas provocadas por una novela... o por un cuento; por un poema... o por una canción; por una escultura... o por una construcción; por una ópera... o por un drama; por una fotografía... o por un dibujo; por un cómic... o por una pintura; por una película... o por un documental; por un... o por un...

sábado, 29 de marzo de 2008

CÓMO ACABAR DE UNA VEZ POR TODAS CON LA CULTURA (lágrimas disparatadas)

Restablecida de mis vacaciones de Semana Santa y un poco más desintoxicada de la polución urbana, comienzo con una entrada sobre el libro de relatos de Woody Allen que a veces abro antes de dormir (cuando consigo acostarme a una hora razonable) por eso de poder leerlos de un tirón (y tranquilamente) para que no pierdan la gracia (que es mucha).


Cuentos sin plumas, editado por Tusquets, reúne, en 400 páginas, los tres libros de cuentos que escribió el director estadounidense: Cómo acabar de una vez por todas con la cultura (1972), Sin plumas (1975) y Perfiles (1980).

Lo primero que hay que decir es que el escritor se aleja bastante del cineasta al que estamos más acostumbrados, sobre todo el de los últimos años. Obviamente, encontramos motivos recurrentes sin los que Woody Allen no sería Woody Allen (como su obsesión por la muerte y lo que habrá en el más allá; el tratamiento humorístico del sexo; su hipocondria, el psicoanálisis...). Sin embargo, en sus relatos se evidencia más el absurdo, la parodia y el sarcasmo, sobre todo cuando leemos algunos de sus aforismos:

Es imposible vivir la propia muerte con objetividad y, además, cantar una canción.

No solo no hay Dios, sino que ¡intenta conseguir un electricista en un fin de semana!


El libro que voy a comentar (hasta ahora el único que me he leído completo de los tres) es Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, compuesto por diecisiete relatos de los que me quedo con los cinco que pongo a continuación. Incluyo una breve sinopsis y un fragmento que espero sirva para picaros el gusanillo:


Para acabar con las biografías
Sí, ¿pero puede hacer esto una máquina de vapor?

Biografía del conde de Sandwich, inventor del sandwich, quien "Liberó a la humanidad del almuerzo caliente. Todos estamos en deuda con él".

Nacido en 1718, es en la escuela donde toma contacto por primera vez con los embutidos. Es expulsado de la Universidad de Cambridge...

acusado de robar pan y de llevar a cabo experimentos antinaturales con ese material (...) Desheredado, se refugia en los países escandinavos donde, durante tres años, estudia intensivamente el queso. Fascinado por la gran variedad de sardinas que encuentra, anota en su cuaderno: "Estoy convencido de que existe una realidad permanente, más allá de los que aún ha podido lograr el hombre, en la yuxtaposición de los alimentos. Simplifica, simplifica".


Para acabar con Ingmar Bergman
El séptimo sello

Relato en forma de drama. La acción se desarrolla en el dormitorio de la casa de dos pisos de Nat Ackerman (...) un confeccionista de prêt-à-porter de cincuenta y siete años, calvo y panzudo, está echado en la cama terminando de leer el Daily News. De pronto, se oye un ruido, Nat se sienta y mira la ventana.

Es la Muerte, que aparece por la ventana resoplando sonoramente después de intentar hacer una entrada dramática subiendo por la tubería del desagüe, una proeza en la que "Casi me rompo el cuello".

NAT: ¿Por qué no tocó el timbre abajo?
LA MUERTE: ¿Y qué, si no, estoy tratando de explicarle? Podría haberlo hecho, pero ¿qué impresión le habría causado? Así queda más dramático. Pasa algo. ¿Ha leído Fausto?

El grueso del drama está ocupado por la partida de gin rummy a la que Nat le reta para que le dé un día más de tiempo. Es un claro homenaje a El séptimo sello, del director fetiche de Allen, Ingmar Bergman, película en la que su protagonista decide retar a la Muerte a una partida de ajedrez para así ganar tiempo y encontrar respuestas a su vida.



Para acabar con el ajedrez
Correspondencia

Gossage y Vandebedian juegan una caótica partida de ajedrez epistolar. Las cartas que se intercambian contienen no solo los movimientos que hacen avanzar el juego (cada vez más confuso), sino que ambos se van "destripando" psicológicamente cada vez con más avidez, eso sí, muy elegantemente.

He aquí un extracto de la correspondencia:

Gossage:
Tal como están las cosas, amigo mío, acabo de pasar casi toda la semana intentando aclarar el ovillo de pretextos lunáticos que conforman su correspondencia en un esfuerzo por ajustar el asunto y lograr que nuestra partida finalice simplemente de una vez por todas. Su reina no existe. Dígale adiós. Lo mismo sucede con sus torres. Olvídese por completo de uno de los alfiles porque yo ya me lo comí. El otro está situado en posición tan desoladora, lejano y ajeno a la acción principal, que no cuente con él, o se llevará un disgusto que le partirá el corazón (...).

Vardebedian:
Es obvio que la constante tensión nerviosa, además de su desgaste de energía en defender una serie de torpes y desesperanzadas posiciones de ajedrez, ha terminado por desbarajustar la delicada maquinaria de su aparato psíquico y ha hecho que su comprensión de los fenómenos externos sea en este momento un tanto lamentable. No queda otra alternativa para remover la tensión antes de que usted termine con una lesión permanente:
Caballo -¡sí, caballo!- seis reina. Jaque.


Para acabar con las películas de terror
El conde Drácula

Original y divertido relato sobre el conde Drácula, que se encuentra especialmente sediento. En cuanto siente la caída del sol (cuyos rayos le causarían una muerte instantánea) "como un ángel del infierno, se levanta rápidamente, se metamorfea en murciélago y vuela febrilmente a la casa de sus tentadoras víctimas", una pareja de panaderos que le ha invitado a cenar.
-¿Qué le trae por aquí tan temprano? -pregunta el panadero.
-Nuestro compromiso para cenar juntos -contesta el conde-. Espero no haber cometido un error. Era esta noche, ¿no?
-Sí, esta noche, pero aún faltan siete horas.
-¿Cómo dice? -inquiere Drácula echando una mirada sorprendida a la habitación.
-¿O es que ha venido a contemplar el eclipse con nosotros?
-¿Eclipse?
-Así es. Hoy tenemos un eclipse total.



Para acabar con las revoluciones en Latinoamérica
¡Viva Vargas!


Relato con estructura de diario en el que se narra la vida de un revolucionario a las órdenes de Emilio Molina Vargas.

10 de julio: hoy fue, en líneas generales, un buen día pese a que los hombres de Arroyo nos tendieran una emboscada y estuvieran a punto de liquidarnos. En parte fue culpa mía porque delaté nuestra posición al invocar la Santísima Trinidad a voz en grito cuando una tarántula se me subió por la pierna. Durante unos segundos no pude deshacerme de la tenaza de la maldita araña mientras se abría camino en las secretas profundidades de mi ropa haciendo que corriera como un loco hasta el río y me tirara en él, lo cual me pareció que duraba tres cuartos de hora. Poco después, los soldados de Arroyo abrieron fuego sobre nosotros. Luchamos con valentía, aunque la sorpresa haya creado una leve desorganización y durante los primeros diez minutos nuestros hombres se hayan acribillado entre sí. El mismo Vargas se salvó por un pelo de la catástrofe cuando una granada aterrizó a sus pies. Me ordenó que me arrojara sobre ella. Consciente de que sólo él es indispensable a nuestra causa, lo hice. El destino quiso que la granada no estallara, y salí entero del incidente con sólo un ligero temblor y la incapacidad de dormir a menos de que alguien me tenga cogida la mano.

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