Sor Juana Inés de la Cruz habló de los líquidos humores como metáforas de lágrimas, y a ellas está dedicado este espacio, a las lágrimas provocadas por una novela... o por un cuento; por un poema... o por una canción; por una escultura... o por una construcción; por una ópera... o por un drama; por una fotografía... o por un dibujo; por un cómic... o por una pintura; por una película... o por un documental; por un... o por un...

domingo, 6 de abril de 2008

GEORGE MÉLIÈS (lágrimas ilusionistas)

Es mi hábito por los trucos y mi gusto apasionado por lo fantástico lo que han determinado mi vocación.





A George Méliès le cambió la vida cuando, el 28 de diciembre de 1895, decidió aceptar una de las 33 invitaciones a la primera proyección de cine en el Gran Café del nº 14 del Boulevar des Capucines, donde los hermanos Lumière iban a mostrar algunas de las cintas que habían hecho, como Salida de los obreros de la fábrica Lumière, La llegada de un tren a la estación de Ciotat o El regador regado (primera película de ficción). Tal fue su asombro que quiso comprar el aparato a los Lumière, pero estos se negaron a vendérselo diciéndole que no querían estafarle con un juguete que carecía de futuro.

Sin embargo Méliès, como artista que era, no quedó convencido y en Londres encontró un aparato similar que llamó "kinetógrafo".




PRIMEROS EFECTOS ESPECIALES


Méliès no puede evitar experimentar con el ilusionismo y los trucos de magia, de los que era un gran aficionado. Le gusta rodar pequeñas escenas al aire libre, del tipo de las que hacían los Lumiere. Pero el aparato de Méliès es rudimentario y falla. Un día, mientras está rodando en la calle, la cámara se le atasca; consigue arreglarla y continúa filmando. Cuando proyecta lo grabado descubre con asombro que "un ómnibus se convertía en un coche fúnebre y los hombres se convertían en mujeres". Eran los primeros efectos especiales del cine.

Sus ansias por la experimentación le llevaron a realizar los primeros fundidos a negro, los encadenados, logró hacer superposiciones e introdujo el mundo onírico en el cine con personajes como vampiros, insectos, demonios, etc.




PRIMERA PELÍCULA EN COLOR


Fue, también, pionero en la utilización del color. La primera película en color de la historia del cine es La mansión diabólica, de 1909(dura 2:35 minutos). Su equipo coloreaba a mano todos y cada uno de los fotogramas.






PRIMERAS PELÍCULAS DE CIENCIA FICCIÓN


Este pionero realizó más de 500 películas, siendo la más famosa El viaje a la luna, 1914 (dura 8 minutos) en la que un grupo de señores decide viajar a la luna y cuando llegan se encuentran con unos extraterrestres (vestidos con unos monos de esqueleto y lanza zulú en ristre) a los que no les hace ninguna gracia la invasión. Asombra la gran imaginación de Méliès (como el choque del cohete en pleno ojo de una luna personificada) y las innovaciones técnicas que introduce (explosiones, la incursión en el mundo de los sueños, el hundimiento de la nave en el mar...).





Más información sobre G. Méliès en Wikipedia y en Miradas de cine.

Imagen de Flickr.

CLOSE TO ME (lágrimas encerradas)

El tema "Close to me" está incluido en el álbum The head on the door (1985), uno de los mejores de The Cure.

Con esta canción, de la que hicieron un vídeo inolvidable metidos en un armario, llegaron por primera vez al número 1 en las listas del Reino Unido.


martes, 1 de abril de 2008

VENTANA SOBRE EL MIEDO (lágrimas de amenaza)

El hambre desayuna miedo. El miedo al silencio aturde las calles. El miedo amenaza:

Si usted ama, tendrá sida.

Si respira, tendrá contaminación.

Si bebe, tendrá accidentes.

Si come, tendrá colesterol.

Si habla, tendrá desempleo.

Si camina, tendrá violencia.

Si piensa, tendrá angustia.

Si duda, tendrá locura.

Si siente, tendrá soledad.


Ventana sobre el miedo, Eduardo Galeano

HABLABA Y HABLABA (lágrimas hartas)

Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro.

Hablaba y hablaba..., Max Aub